El mundo de arte tiene puntos en la historia donde una corriente o un movimiento sienta las bases un legado cultural fuerte y perdurable. En este post vamos hablar de constructivismo ruso, precisamente un movimiento artístico y arquitectónico que nació en la Rusia del siglo XX, poco después de la gran Revolución de Octubre.

Constructivismo Ruso: Características de Arquitectura y Diseño

Los orígenes de este concepto parten del término “Construction Art” (arte para construcción) que fue tomado por primera vez por Kasimir Malévich para hablar del trabajo de Aleksandr Ródchenko en 1917. Este movimiento no solo de desarrolló en la antigua Rusia, vinculada al suprematismo o ravonismo o cubismo abstracto, como quiera verse, sino que también dio pie al “constructivismo holandés” con el neoplasticismo de Piet Mondrian, Theo van Doesburg y el grupo De Stijil.

Sin embargo el término “constructivismo” se registra como algo positivo desde 1920 en el Manifiesto Realista de Gabo Diem. Asimismo Alekséi Gan utilizó la palabra como el título de su libro “Constructivism” que fue impreso en 1922.

Constructivismo Ruso: Características de Arquitectura y Diseño

La obra emblema del constructivismo fue la propuesta de Vladimir Tatlin para el Monumento a la Tercera Internacional en 1919 que mezclaba la estética de máquina con componentes dinámicos que celebraban la tecnología, como eran los reflectores y las palabras de proyección. El diseño de Tatlin fue criticado en público por Gabo Diem con la recordada frase “O se crean casas y puentes funcionales o el puro arte por el arte, pero no ambos”.

Esto representó sin duda una división importante en el grupo de Moscú en 1920 cuando el “Manifiesto Realista” afirmó la existencia de un núcleo espiritual para este movimiento. Esta versión se oponía a la del constructivismo adaptable y utilitario que sostenían Tatlin y Ródchenko.

A pesar de ello la obra de Tatlin fue rápidamente alabada por artistas alemanes al ser considerada como una revolución del arte. Se puede apreciar una foto de 1920 donde George Grosz y John Heartfiel sostienen una pancarta que reza: “El arte está muerto. ¡Larga vida al arte de la máquina de Tatlin”.

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